Puede que no recuerdes el momento exacto en que pasó. Un día, simplemente, notaste que tus dientes ya no tenían la misma forma. No sabes si es la luz, la edad o solo una impresión… pero ahí está. Ese borde un poco más corto, ese esmalte que parece más fino, esa sensación de que algo está cambiando.
Puedes pedir cita para que podamos valorarlo pinchando aquí, o, si lo prefieres, puedes seguir leyendo para entender qué es exactamente la atrición dental.
Pues bien, ese desgaste tiene nombre y también una explicación: atrición dental.
¿Qué es exactamente la atrición dental?
La atrición dental es el desgaste que se produce cuando los dientes chocan entre sí de manera repetida. No hablamos de un roce suave y natural durante la masticación, sino de un contacto excesivo que va eliminando poco a poco la capa externa del diente, el esmalte.
Lo curioso es que este desgaste suele avanzar muy despacio, así que pasa fácilmente desapercibido. De repente, sin saber muy bien cuándo empezó, notas que los bordes de los dientes de delante están más gastados, que las muelas se ven más planas o que tu sonrisa ha cambiado un poco.
Y ahí es cuando suele llegar la preocupación: los dientes no solo van perdiendo su forma natural, sino que también pueden volverse más sensibles y menos resistentes. Además, el esmalte no se regenera. Por eso es tan importante detectarlo a tiempo y ponerle solución cuanto antes.
Los 5 motivos más frecuentes del desgaste de dientes
Casi siempre existe una causa concreta detrás del desgaste de dientes. Aquí te explicamos las cinco más habituales que vemos en consulta.
1. Bruxismo: la causa estrella del desgaste dental
No hay forma más directa de decirlo: el bruxismo es el principal responsable del desgaste de dientes, especialmente de los dientes delanteros.
Quienes lo padecen aprietan o rechinan los dientes, sobre todo de noche, aunque también puede darse durante el día sin darse cuenta. Esa presión constante provoca aplanamiento de bordes, microfracturas, desgaste acelerado del esmalte, y sensibilidad al frío o al calor.
Y, es que, la mandíbula, trabajando horas de más, actúa como un auténtico taller de lijado.
El estrés es el desencadenante más frecuente del bruxismo, pero no el único. También influyen problemas de mordida, alteraciones del sueño o incluso ciertos hábitos posturales.
2. La edad: un desgaste que se acumula con los años
A medida que cumplimos años, los dientes también envejecen. No es algo dramático, pero sí natural: el esmalte se vuelve más fino y el roce diario deja huella.
Esto explica por qué muchas personas de más de 50 años notan los incisivos con un borde más irregular o más transparente. Sin embargo, la edad por sí sola no suele causar atrición severa; más bien potencia otros factores.
Cuando el desgaste es notable, casi siempre hay algo más contribuyendo.
3. Maloclusión: cuando la mordida no encaja bien
Si los dientes no cierran de manera equilibrada, algunos puntos de contacto soportan más fuerza de la que deberían. Ese choque excesivo desgasta zonas concretas del diente y, con el tiempo, modifica incluso la forma de morder.
Lo vemos en pacientes que cierran con fuerza solo por un lado, tienen sobremordida marcada, presentan apiñamientos, o han perdido dientes que no han sido sustituidos, alterando la mordida.
La maloclusión es silenciosa, pero constante. Y cuando se combina con bruxismo, el desgaste se acelera muchísimo.
4. Hábitos involuntarios del día a día
Muchas veces el desgaste no se debe a un único factor, sino a pequeñas costumbres (morder bolígrafos, masticar hielo, usar los dientes para abrir envases…) que van sumando.
Gestos que parecen inofensivos, pero que, repetidos cientos de veces al año, acaban erosionando el esmalte. En los dientes delanteros es especialmente evidente.

5. Problemas digestivos: reflujo y acidez
Aunque es menos conocido, el ácido del estómago también puede ser un enemigo del esmalte. Las personas con reflujo gastroesofágico recurrente, vómitos frecuentes o trastornos alimentarios pueden sufrir un desgaste doble:
- químico (por el ácido),
- y mecánico (cuando los dientes ya debilitados rozan entre sí).
En estos casos, la atrición puede avanzar más rápido porque el esmalte es más frágil.
Cómo reconocer el desgaste de dientes antes de que avance
No todo el mundo sabe identificar los primeros signos. A veces el desgaste es sutil, como si el borde del diente se hubiera suavizado. Otras veces es más evidente: dientes que parecen más pequeños, superficies planas donde antes había pequeñas curvas, sensación de que la mordida encaja distinto o incluso un ligero aumento de sensibilidad al frío.
Uno de los indicios más claros suele ser la transparencia que aparece en los bordes de los dientes delanteros, como si el esmalte estuviera afinándose. También es habitual que el paciente note que al comer ciertos alimentos duros ya no corta como antes, porque la forma del diente ha cambiado ligeramente.
Cuando el desgaste avanza más, pueden aparecer molestias en la articulación mandibular o en los músculos de la cara, sobre todo si el bruxismo es el motor del problema. Pero incluso en esos casos, muchas personas no relacionan un síntoma con el otro.
Consecuencias del desgaste dental si no se trata
A veces se piensa que unos dientes más cortos son solo un problema estético. Pero la atrición tiene efectos que van mucho más allá.
- Menor resistencia del diente. El esmalte es nuestra coraza natural; sin él, el diente es más vulnerable.
- Mayor riesgo de fracturas. Bordes debilitados = roturas más frecuentes.
- Sensibilidad creciente. A medida que se pierde esmalte, el frío y el calor duelen más.
- Cambios en la mordida. Cuando los dientes se desgastan, la forma de morder cambia.
- Afectación estética visible. La sonrisa pierde volumen y naturalidad.
- Problemas en la articulación mandibular. El cuerpo compensa alteraciones de mordida con tensión muscular.
Por eso es tan importante no esperar a que los dientes lleguen a un estado muy avanzado.

Las soluciones más efectivas contra la atrición dental
El tratamiento depende de la causa, del nivel de desgaste y del estado general del paciente. Pero en Rubal Dental tenemos una serie de soluciones que funcionan muy bien en la mayoría de los casos:
Férula de descarga profesional
Si el desgaste está relacionado con bruxismo, la férula de descarga es fundamental. No solo protege los dientes durante la noche, sino que reduce la fuerza de la mordida, disminuye la tensión muscular y evita que el desgaste siga avanzando.
Mucho mejor si esa férula está hecha a medida, porque se adaptará a la perfección a la boca, no molestará y protegerá de manera real.
Restauraciones estéticas: recuperar la forma del diente
Cuando los dientes ya han perdido parte de su estructura, es posible devolverles su forma y función mediante composites, carillas o coronas, según el grado del daño.
Estas restauraciones devuelven altura a la mordida, estabilizan la mandíbula y evitan que el desgaste continúe.
Tratamiento ortodóncico para corregir la mordida
Si el problema está en la forma en que encajan los dientes, la ortodoncia es la solución más eficaz.
Alinear los dientes y corregir la oclusión permite repartir mejor las fuerzas, evitar contactos indeseados, y restablecer una mordida funcional y estable.
Es una inversión a largo plazo que previene nuevos desgastes.
Abordar causas digestivas o nutricionales
Cuando la atrición está relacionada con acidez, reflujo o erosión química, es importante coordinar el tratamiento con un especialista digestivo. De lo contrario, cualquier restauración dental volvería a dañarse.

¿Se puede frenar el desgaste de dientes? Sí. ¿Se puede revertir? También.
Siempre que se actúe a tiempo.
La atrición dental es uno de esos problemas que parecen inevitables, pero no lo son. Con una buena evaluación, un diagnóstico correcto y un plan de tratamiento adaptado, los dientes pueden recuperar su forma, su función, y su estética.
En Rubal Dental trabajamos cada caso de forma individual, porque no todos los desgastes son iguales ni todos los pacientes tienen las mismas causas detrás.