Si has llegado hasta este artículo es porque te has visto la lengua con grietas y quieres saber si debes preocuparte. Vamos al grano: la lengua fisurada no suele ser peligrosa. Pero tampoco es algo que convenga ignorar del todo.
En Rubal Dental te explicamos qué significa realmente, cuándo es solo una característica estética y cuándo puede estar diciéndote que algo más está ocurriendo en tu boca.
Cuando la lengua cambia de textura y no sabemos por qué
Que la lengua sea rugosa no es, en sí mismo, motivo de alarma. De hecho, es más común de lo que pensamos: muchas personas conviven con una lengua fisurada desde la infancia sin sufrir síntomas.
Sin embargo, también es cierto que cualquier cambio visible en la boca genera inquietud. Y con razón. La cavidad oral es sensible, está expuesta constantemente a alimentos, bebidas, cambios de temperatura y miles de bacterias. Por eso cualquier alteración —incluso si no duele— nos hace sospechar.
La lengua fisurada aparece como una serie de surcos, más o menos profundos, que recorren la superficie del órgano. A veces se concentran en la parte central; otras, en los laterales; en ocasiones recuerdan pequeñas “grietas” irregulares.
En la mayoría de los casos, no duelen. Pero cuando hay inflamación, irritación o acumulación de restos de comida, los síntomas sí pueden llegar a incomodar.
Lengua fisurada: causas más habituales
Muchos pacientes nos preguntan si las fisuras en la lengua aparecen de repente, como si fueran una señal de alarma inmediata. No suele ser el caso.
Generalmente, la lengua fisurada responde a una de estas situaciones:
Una característica anatómica
Es la causa más frecuente. Hay personas cuyo tejido lingual presenta surcos naturales desde edades tempranas. No produce dolor y no implica una enfermedad.
Predisposición genética
La lengua fisurada se observa con mayor frecuencia en miembros de la misma familia. No es grave, simplemente heredada.
Síndrome de lengua geográfica
Algunos pacientes presentan lengua geográfica y lengua fisurada simultáneamente. La lengua geográfica provoca áreas en forma de “mapas”, mientras que la fisurada genera surcos. Ambas condiciones son benignas, aunque a veces provocan sensibilidad.
Edad
Con el paso del tiempo, la superficie de la lengua puede volverse más irregular. El envejecimiento del tejido suele acentuar las fisuras preexistentes.
Sequedad bucal
Cuando la boca no produce suficiente saliva (ya sea por fármacos, estrés, respiración oral o falta de hidratación) la lengua puede irritarse y marcar surcos más visibles. La saliva es un protector natural, y cuando falta, todo el tejido oral se resiente.
Deficiencias nutricionales
Especialmente las relacionadas con vitaminas del grupo B o hierro. Las alteraciones nutricionales pueden cambiar el aspecto de la lengua, haciéndola más sensible o agrietada.
Afecciones menos frecuentes
En algunos casos, enfermedades como el síndrome de Sjögren, la psoriasis o ciertas patologías sistémicas pueden acompañarse de lengua fisurada. No obstante, esto es poco habitual y suele ir acompañado de otros síntomas evidentes.
Lo importante es que, en la mayoría de las personas, la lengua fisurada no supone ningún riesgo para la salud y no evoluciona a problemas mayores.

¿Es peligrosa la lengua fisurada?
Ser claros es fundamental: La lengua fisurada, por sí sola, NO es una enfermedad ni una dolencia grave.
Pero… (y este “pero” merece atención) sí puede generar molestias si no se cuida adecuadamente.
Las fisuras pueden actuar como pequeños depósitos donde se acumulan restos de comida y bacterias. Eso puede provocar:
- Mal aliento
- Sabor extraño en la boca
- Irritación al comer alimentos ácidos, picantes o muy calientes
- Molestias si las grietas se inflaman
- Mayor susceptibilidad a infecciones por hongos, como la candidiasis, si la higiene no es correcta
En esos casos, no es la fisura el problema, sino lo que queda atrapado en ella.
Por eso insistimos tanto en la higiene. Una lengua fisurada bien cuidada no suele dar problemas.
Síntomas a los que deberías prestar atención
Aunque lo normal es que la lengua fisurada sea completamente benigna, siempre invitamos a los pacientes a prestar atención a ciertos cambios.
La boca, cuando algo no va bien, suele avisar con claridad: dolor que no cede, inflamación persistente, manchas blancas que no desaparecen al cepillar, zonas que sangran con facilidad, cambios bruscos en la textura o en el color…
Esos signos no suelen deberse a la fisura en sí, sino a algún proceso añadido que conviene valorar.
Tampoco hay que alarmarse. La mayoría de las veces, una revisión es suficiente para descartar cualquier complicación y recibir pautas de cuidado adaptadas a cada caso.
En la consulta exploramos la lengua, el resto de la mucosa oral y el estado general de la boca, porque todo está interconectado: la hidratación, la higiene, la dieta, incluso el modo en que respiramos influyen en su aspecto.
Cómo cuidar una lengua fisurada para evitar molestias
El objetivo no es “curar” —porque no es una enfermedad— sino mantener la lengua limpia, flexible y libre de irritaciones.
Aquí van los cuidados que solemos recomendar en clínica:
Higiene lingual diaria
No basta con cepillar los dientes: la lengua acumula bacterias con gran facilidad y, si tiene surcos, esa tendencia aumenta. Limpiarla una o dos veces al día con suavidad, ya sea con un raspador o con el propio cepillo, ayuda a que los restos no queden atrapados y evita la inflamación.
Hidratación constante
Una boca seca empeora todos los síntomas. Bebe agua regularmente y evita excesos de café, alcohol o tabaco, que deshidratan la mucosa oral.
Evitar alimentos irritantes si hay molestias
En momentos puntuales de irritación es habitual que ciertos alimentos generen más molestia: los cítricos, las bebidas muy calientes, el picante… No hace falta eliminarlos para siempre, solo evitar su consumo mientras la lengua se recupera.
Revisiones dentales periódicas
La lengua forma parte de tu salud oral. En Rubal Dental revisamos la mucosa, el color, la forma y la presencia de cualquier lesión que necesite seguimiento.
Tratamiento de condiciones asociadas
Si la lengua fisurada aparece junto a sequedad persistente, déficits nutricionales o candidiasis, es necesario tratar la causa para que las molestias no vuelvan.
Higiene oral completa
Cepillado, seda dental, colutorio adecuado… Todo suma para mantener la boca en equilibrio.

Entonces, ¿debo preocuparme?
Una lengua fisurada no debe ser motivo de angustia. Pero sí merece atención. Igual que cuidamos las manos cuando se resecan o los labios cuando se agrietan, conviene prestar atención a la lengua para que no se irrite ni acumule bacterias.
Piensa en ella como en un simple aviso, una señal que te recuerda que tu salud oral no termina en los dientes. Con unos hábitos adecuados, una buena hidratación y revisiones periódicas, las molestias desaparecen y la lengua recupera su equilibrio natural.
En Rubal Dental estamos preparados para ayudarte a interpretar cualquier cambio en tu boca, por pequeño que parezca. Si has notado que tu lengua ha cambiado, si te preocupa su aspecto o si te resulta molesta al comer o hablar, podemos valorarla contigo y darte pautas personalizadas, agenda cita aquí.